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| Fotograma de "Isla Presidencial" |
Nicolás Maduro. actual
presidente de Venezuela. en un encuentro en Barinas con cargos del PSUV , antes de
las elecciones presidenciales, comentó que esa misma mañana al entrar a rezar en
una capilla apareció por allí un “pajarico chiquitico” y que después de haber
compartido con él unos cuantos silbidos… «Yo sentí el espíritu de él y lo sentí
ahí como dándonos una bendición, diciéndonos: hoy arranca la campaña; vayan a
la victoria» refiriéndose a Chávez. Y esta historia del “pajarico” corrió por
la redes como si fuera algo irreal, paranormal, fruto de una alucinación
bolivariana, algo digno de estar en las historias que nos cuenta Iker Jiménez
en “Cuarto Milenio”. Aquí no comprendemos esas cosas de nuestros hermanos latinos y eso que
la gran mayoría son sangre de nuestra sangre, o por lo menos algo de la nuestra
llevan, porque son en parte fruto de lo que nosotros quisimos que fueran.
Nuestra lengua, nuestra cultura, nuestra religión y nuestros mismos vicios
políticos con la diferencia de que aquí se roba más educadamente, la corrupción
occidental es más elegante, donde va a parar.
Hay cosas del llamado
patio trasero de EEUU, cada vez menos patio y menos trasero, de las que nos
reímos y hacemos chistes pero cuando en el patio delantero, el jardín del
neoliberalismo o del Edén que para el caso es lo mismo, vemos o escuchamos
cosas similares nos lo quitamos de encima con un “¡Bah!, cosa de los yanquis”.
Nadie hace chanzas de los políticos yanquis que se pasan el día dando gracias a
Dios, “God Bless America”… “God Bless America”… todavía recuerdo aquel 11 de
septiembre poco después de caer la segunda torre y una cámara de CNN enfocando
el cristal de un coche lleno de ceniza donde alguien había escrito con el dedo la
frasecita. "God Bless America" le vale a los políticos yanquis hasta
para bendecir a los marines, “semper fidelis”, que van a masacrar alguna nación
del eje de cualquier mal que se les ocurra.
